Los diseñadores de las grandes marcas de moda son auténticas celebrities,  en el contexto mediático son más famosos que sus propias creaciones. Su capacidad por demostrar inventiva y genialidad resulta esencial para triunfar en la moda. Hay muchos empeñados en elevar la moda al nivel del arte, pero a menudo se da más publicidad y protagonismo “al artista” que sus obras. Es cada vez mayor el despliegue de medios y técnicas para exaltar a los genios creadores de la moda.
¿Para quién trabajan esos grandes creadores, el santa santorum de la moda? Pocos son los que pueden permitirse el lujo, nunca mejor dicho, de consumir ciertas marcas por sus precios desorbitantes… ¿Qué sentido tiene la Alta Costura en la historia del traje? ¿Ser edición limitada? ¿Vestir a la sociedad más distinguida? En mi opinión, la alta costura tiene sobre todo importancia por su capacidad de influir en la elección de lo que vestimos a diario la gente de la calle.

 

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De la pasarela Chanel (versión alta costura) a la pasarela de la calle, (versión “streetstyle”)

 

La alta costura es algo más que una producción de lujo. Si nos remontamos en la historia, podemos señalar que cuando a mediados del siglo XIX se inventó la figura del modisto o “couturier”, se vivió uno de los episodios más importantes de la historia del vestido. No se trataba sólo de confeccionar, como los sastres, sino también de “diseñar”. Personajes como Federick Worth (1853) que se lanzó a la fama cuando los almacenes Gagelin et Opigez le encargaron coordinar el ajuar de novia de Maria Eugenia comprometida con el futuro Napoleón III, marcaron un hito en la evolución de la moda y su valoración social. Podríamos decir que con él, con el mítico Poiret o Chanel y su invención del chic se fue consolidando lo que ho entendemos por un creador y diseñador de moda.

 

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Han pasado muchas cosas hasta la aparición de la fast fashion. El sistema de producción rápido ha propiciado que se den más importancia a los diseños que a la confección y los tejidos. El sistema en el que todos, queramos o no estamos implicados, ha empobrecido las posibilidades artísticas de la moda y a la vez ha multiplicado las arcas de grandes empresarios. Hay que reconocer también, que ha puesto al alcance de cualquiera, ir a la moda. Antes el consumo de moda estaba reservado a las clases altas, ahora es moneda corriente en todos los ambientes. Pero yo me sigo preguntando, ¿no habrá que poner puertas al campo? ¿No estamos gestionando unos armarios personales con demasiada ropa? ¿No acumularemos ropa que da el pego, ropa basura, de usar y tirar? ¿No nos dejaremos deslumbrar por el arte del diseño y no estaremos olvidando la calidad de los tejidos y el arte de la confección?

Me pareció muy interesante la iniciativa que tuvo el creador de Chanel Karl Laggefierd hace unos meses: transformar el mítico Grand Palais en una réplica de su Atelier en la Rue Cambon. Retales, agujas, mesas de costura, maniquíes y todo lujo de detalles para reproducir el espíritu de su taller e invitar a los allí presentes a vivir de cerca la confección de un traje de Alta Costura. Por primera vez las propias costureras exhibían su trabajo, salían a luz pública mientras las modelos lucían sus propias creaciones para la temporada otoño invierno 2016/2017. En el espectáculo se representaban escenas cotidianas de una casa de costura: medir, cortar, coser… todo un make in off de la producción de un vestido. Este homenaje a la confección me ha parecido una llamada a la reflexión a no quedarnos en los diseños, en si es “fashion”, o top, sino en el trabajo que has detrás de cada prenda, las historias que hay detrás de las personas que hacen nuestra ropa.

 

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A menudo la moda es sólo un “corta y pega”, lo que se copia son los diseños que se reproducen rápidamente y cantidades industriales, se ha perdido esa feliz combinación del diseño y la confección que abanderaron los antiguos y prestigiosos modistos, como lo fue Balenciaga en sus tiempos, o Chanel o quizás otros modistos de no tan renombrado prestigio. La moda ética está reclamando un patronaje y una confección sostenible, lo aplaudo. Porque el vestir es un arte y su producción también. No es lo mismo fabricar tornillos que camisetas, pantalones o faldas.

MONTSERRAT MARTORELL

FashionFrame Project Manager

Fashion Frame Fundación Pineda
Consultoría de moda con fines educativos. Moda, Identidad y Consumo Responsable.
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